
Algún día tendré que escribir un post sobre autores que hacen páginas como churros. Pero ha sucedido que en estas últimas semanas he encontrado dos libros muy especiales, ambos en un formato de página-churro muy diferente al que nos referimos coloquialmente, y con más gracia también.
Tanto Olaf Ladousse como Elvis Studio han buscado la manera de burlar la partición del libro en páginas, ese demonio de la simetría al que nos sometemos obedientemente los dibujantes a la hora de publicar. En el caso de Olaf, su librito Linóleo funciona como una superficie gráfica continua, de manera que en los bordes de cada página (pues efectivamente tiene páginas) las imágenes coinciden.
Reconstruye así espacio de estampación blanco que Olaf ha salpicado con personajes e instrumentos que se entrecruzan. Casi sale música de este libro, en cuyo prólogo Ion Abesteanu confiesa que le gustaría verlo editado en formato acordeón, “para poder escuchar este cuaderno de un tirón”.

Esto último (lo del formato acordeón) sí lo ha conseguido el dúo formado por Helge Reumann y Xavier Robel, que bajo el nombre de Elvis Studio vienen publicando en casi todas las antologías mínimamente modernillas de los últimos años. Parece que los de Zurich están bastante chiflados por las alegorías político-industriales, que suelen desarrollar en grandes paneles apocalípticos.
Elvis Road es quizá su proyecto más reconocido, un largo friso donde han excretado, bajo forma de una descripción alucinada, su visión de la ciudad actual. Digo excretado porque hay mucho de excremento fluido-denso en sus dibujos: los cuerpos-tordo, las emanaciones urbanas, el mismo formato en churro de una narración que va fluyendo como masa compacta de principio a fin. Puede que a Elvis le gustara esta carretera. Quién lo sabe.

Linóleo/ Linoleum. Olaf Ladousse.
Blur ediciones, 2006
Elvis Road. X. Robel y H. Reumann
Buenaventura Press, 2002

Hay lluvia, mucha lluvia en las páginas del último libro de Nicolas de Crécy, y esto debería servir de aviso al lector: ALÉJATE DE LO QUE VES. Para empezar, el título del cómic dice bien claro que es un diario, pero nada de eso. Diario de un fantasma es una obra planteada desde la introspección extrema y la ficción. A mí me recuerda a los libros de viajes algo inventados de Henri Michaux.
A través de las experiencias de un dibujo y un dibujante que se encuentran en un avión, nos vamos enterando de que Nicolas de Crécy desconfía de lo real, de lo más inmediato. Es una especie de Santo Tomás al revés, pero sumido en plena crisis. Porque no sólo desconfía de la realidad, sino de los mil trucos que ha aprendido como dibujante a la hora de apropiarse de ésta y dar carpetazo a sus encargos.
De una crisis de tal magnitud sólo puede salir una obra como ésta, personalísima, pantanosa en algunas ocasiones y brillante en otras. Crécy busca el personaje-logotipo que da sentido a toda una experiencia y una obra. Es en el fondo un minimalista a ultranza, capaz de tirarlo todo por la borda a cambio de un solo ojo que, dibujado con la inclinación adecuada, nos brinde algo de paz.
Diario de un fantasma. Nicolas de Crécy. Ed. Ponent Mon, 2007.

Da gusto que lleguen al buzón sobres como el de la revista Dopututto. Lo abres y, junto al número 10 de la publicación, aparecen un minicomic (Robots d’Ombre de Ronald) y un dibujito con saludo personal. Son detalles fancineros que se agradecen.
Dopututto es el envidiable producto gráfico de una serie de autores agrupados en torno a la editorial MISMA de Toulouse. Una docena de artistas jóvenes con cierto aire de familia respecto a la forma de hacer cómic: historias situadas en el entorno cotidiano, ligadas a menudo a experiencias de la infancia, y que se narran con un dibujo espontáneo e imaginativo. Me gusta que estos autores no limiten sus influencias gráficas a otros autores de cómic, ya que el graffiti o el diseño rondan por estas páginas de una manera u otra.
El Don Guillermo, principal instigador de la revista junto a su hermano gemelo Stocafich, incluye en este número una deliciosa historia de sensaciones adolescentes en estado puro, en la línea de lo que publicará en septiembre publicó en 2006 bajo el título Prelude to a Kiss.
También me han gustado de manera especial las aportaciones de Claude Cadi, jugándosela con una historia de pocas palabras, y de Gauthier, que en este número dispone de portada y contraportada.
Conviene pasar por la web de MISMA para echarle un ojo a sus publicaciones o ponerse al día de la actividades del grupo, ya que afortunadamente la actualizan con regularidad.

De mi reciente paso por Madrid he traído dos libros con algo en común: ambos son recopilaciones de chistes gráficos, en el sentido más generoso de la palabra chiste.
I am going to be small, de Jeffrey Brown, es un tochito que reúne casi diez años de “gag and humor cartoons”. Libre de una estructura o personajes fijos, el autor juguetea con cualquier cosa que se le ocurra: conversaciones de bar y de pareja, instrucciones de cacharros, animalitos parlantes, apariciones recurrentes de Jesucristo… ya es conocida la expresividad del dibujo desmañado y como grunge de Brown, pero hay que ver cómo maneja el tempo de sus pequeñas ocurrencias.
El otro libro es el primer volumen editado por Pomergranate bajo el título The Unhinged World of Glen Baxter. A este autor inglés, a quien le gusta ser llamado Colonel Baxter, no lo conocía y me ha dejado pasmado. Lleva más de veinte años fabricando un universo paralelo de chistes de viñeta única poblados de vaqueros, deportistas, pioneros de todo tipo, salvajes.
Sus imágenes van siempre rotuladas con sentencias pedantes abocadas al absurdo. Todo parece arrancado de otro sitio, y sobre lo bizarro del conjunto flota a veces una extraña poesía.